4/26/2007

Si tus ojos divinos

Si tus ojos divinos
los verdes campos miran,
donde sueltos respiran
arroyos cristalinos,
que en la prisión encierra
de altivas peñas la importuna sierra.

¿Qué hará, Belilla hermosa,
el agua de este río
que de un valle sombrío
en los brazos reposa,
y de ellos a buscarte,
confusa al Tajo por tu ausencia parte?

No te hallará en los prados,
que matizar solías
en los alegres días
de flores coronados,
que a su fresca ribera
dieron tus pies segunda primavera.

Abrasados de celos
llorando están agora
tu soledad, señora,
las aves y los cielos,
y la florida vega
que entre olmos altos Manzanares riega.

El poema es de la autoría de Don Francisco de Borja y Aragón (1577-1658), Príncipe de Esquilache, el noble que amaba más la poesía que la política, y que, en consecuencia de ello, fue, como se diría hoy en día, una figura controvertida de su época. Está incluido en el "cancionero del Príncipe de Esquilache", grabado hace dos años bajo los auspicios de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El mentor musicológico del proyecto fue mi colega Alejandro Vera, que es allí profesor y a quien encontré la semana pasada durante el congreso que organizamos en la Universidad de La Rioja, "En torno a Francisco Javier García Fajer".

El CD se titula Pajarillo que al alba, cita de uno de los poemas de Esquilache, y me da la impresión de que debe de ser un poco difícil de obtener por las vías habituales. Tiene valor histórico y también artístico. Sólo tiene el pequeño problema - creo que comprensible dado su origen académico - de que, desde el punto de vista técnico, no puede competir con las joyas sonoras a las que las etiquetas especializadas en música antigua (Alpha, por ejemplo) nos tienen habituados.

El poema fue puesto en música por Juan Blas de Castro, uno de los músicos recogidos en el célebre Cancionero de la Sablonara, y fue editada por Luis Robledo, quien es también autor de un estudio sobre el autor.

Ahora que ya no soy wagneriana, ha sido un placer reencontrarme a través de este CD con "nuestro" siglo XVII.